
La casualidad no
existe, aquel lugar común de los seres humanos era terriblemente estricto en su
caso; y así, entre resignado y todavía curioso, se adentró en la destruida
ciudad, dirigiéndose a la torre, que —adivinó— había cobijado al Manierista. No
lo esperaba, pero tampoco le causó sorpresa el hallazgo; allí, en la primera
planta y como para que lo viera el primero que entrara, estaban ellos en sus
sarcófagos. En realidad se trataba de neveras, cuyas puertas de cristal
revelaban al personaje que las ocupaba; y en la primera estaba la princesa
Unisexy López, congelada en un gesto eterno de su eximia dance du petit chian; luego
se reconoció a sí mismo, casi como si enfrentara un espejo, en los rasgos
helados del Manierista, que era como un reflejo suyo. Más allá, como no podía
ser de otro modo, un refrigerador de tres puertas cobijaba a Leididí Usnavi
Burundanga I; a la que el librero miró por primera vez, comprendiendo el
extraño destino de su amigo. Al lado de esta nevera estaba el interruptor que
detendría y revertiría este proceso de hibernación de Nuevo Songo, donde él
imaginaba los sótanos llenos de neveras llenas de gente; pero él no sabía si
quería hacerlo, la posibilidad lo tentaba, pero… sin aquellos ojos azules del General
Victoreto…
Renacimiento?
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