Saturday, October 2, 2010

La verdadera historia del secuestro del Manierista

No fue un respingo de Inga lo que despertó de súbito al Bibliotecario, la mandinga dormía ajena a toda trascendencia; y lo que desveló al Bibliotecario fue el recuerdo repentino de aquellas páginas del Código Thamacún, a las que incrédulo había negado todo crédito. Eso era normal, estaba relatado en el libro pero aún no había ocurrido; y cuando ocurrió, ya él había sepultado esa lectura en las muchas contradicciones de su propia vida. Pero lo había leído, y ahora lo recordaba, lo del Manierista había sido un secuestro inducido; y la pobre Leididí Usnavi Burundanga I, conocida por su tremenda experiencia de vida, había sido manipulada por la supuesta inocencia del cocinero.

Fue en un viaje secreto de la reina a West Havana, la provincia de ultramar donde entonces vivía el Manierista; que ya había oído de la legendaria y extraña belleza de la soberana, cuyo cuerpo era como un mar de grasa que se bamboleaba suavemente con cada gesto suyo. El Manierista, inspirado en ella, había ideado el postre perfecto, un Mousse de Gloire; en el que al cuerpo de chocolate oscuro con ginebra, le añadía una espirales en twist de frambuesas frescas en jalea, y otro de uvas pasas rubias en reducción de vodka. El plato fue presentado a la reina con todos los protocolos, y del impacto la soberana logró las cincuenta vueltas de carnero del ballet Chivatientes, que hasta entonces se le había resistido. El Manierista nunca más vio la luz del sol, la reina se encargaba hasta del robo de jóvenes albinos que maceraban las especies con los pies y los cuerpos desnudos; su vida se redujo a aquella torre edificada con premura en el palacio real de Nuevo Songo, de la que a veces salía un olor en forma de neblina dorada que embrujaba al pueblo.