Sunday, January 29, 2012

Saturday, January 28, 2012

La gran batalla

El malvado Pichi Madlover desarmó su cámara por enésima vez, y no encontró nada, como las anteriores; era un arma perfecta, pero incomprensiblemente no hacía mella en el Diamante Negro, que seguía blandiendo su metatranca. El Diamante Negro, a su vez, recostó la metatranca con cierto hastío; era claro que el combate amenazaba hacerse eterno, pues como el bandido era tan bajo los metatrancazos lo sobrevolaban sin atinarle nunca. El lugar ya no sólo había devenido en el casi desierto que exhibía construcciones dispersas, y donde sólo medraban los trolles y algunos anonimones sobrevivientes; lo peor, todos se dedicaban a la anonifagia, el único medio de alimentación que había dejado la devastación del bandido.

La cámara de Madlover tenía una peculiaridad, y era que disparaba rayos glamorosos que lograban confundir a los próceres alimentando sus células corruptoras; pero por lo mismo era ineficaz con el Diamante Negro, que no era un prócer sino un ectoplasma de un monje loco. Sólo que Madlover no sólo era bandido, sino que como buen bandido era además estúpido; no podía diferenciar la altanería del Diamante Negro entre las posturas escultóricas que solían adoptar los próceres, y por eso insistía. El Diamante Negro no quería recuperar la Playa, que daba por perdida, pero sabía que a donde quiera que fuera iría tras él el malvado Madlover como su sombra fiel; la única solución era la muerte, con lo que el Diamante Negro tampoco tenía ningún problema, pero no le haría el trabajo sucio al otro.

"No, aquello no podía seguir así" reflexionó el Diamante Negro, y entonces recordó el pasaje del Códice que todo lo había predicho; "La verdad es como una espada, que si la agarras por el filo te hiere pero si la agarras por la empuñadura te salvará" había dicho Anakantra. Se retiró a meditar, la solución tenía que ver con aquello; el héroe del Códice no lograba vencer al Heritrollo por falta de fe, por no usar aquella espada de la Verdad que le había sido dada. ¿Pero qué era la verdad?, se preguntó con el mismo estupor de Pilatos ante el Cristo; no era sólo el amor soberbio y podrido que sentía Madlover por él; eso era sabido y ampliamente comentado en toda la prensa amarilla del antiguo Hecho, y era turbador pero no letal.

¿La verdad, qué es la verdad?, había preguntado Pilatos y el Cristo no le respondió, pero a él además ya le había sido dada; así pensaba mientras se escurría entre las ruinas de la antigua Playa Hedónica, cuando de pronto la escuchó. Era la voz un poco cavernosa de la reina, que le recitaba un pasaje muy específico del Códice; más exactamente aún, de aquella oscura filípica que le sirvió de catalizador, el que hablaba de la espiral de su casta.

Friday, January 27, 2012

Leyendas del Códice

...algunos juran que la población del
islote se internó toda ella en
La Caverna (es grande) y encontró
un agujero [era luminoso] que la trasladó
a la Otra Dimensión: la de los grandes
mitos.

Cronista de Nuevo Songo

No querido Whatson —Holmes rellenó la pipa—, ni Playa gótica fue siempre gótica ni es tal el famoso misterio que la rodea; simplemente cumplió su cometido, y como todo fruto maduro, se pudrió. Whatson miraba embobecido la serenidad de Sherlock, atrapado más por la historia que por su sentido probablemente banal; pero era cierto que Playa Gótica existía, aunque sólo fuera como el yermo en que trolles y anonimones se cruzaban invectivas y se dedicaban a la anonifagia. "No te dejes atrapar por la red ilusoria con que pretende atraparte el mundo —prosiguió Sherlock—, y si te fijas esto ha pasado muchas veces.

"Todo parece indicar que estamos ante otro caso de Pichi Madlover, que enamorado del Diamante negro lo persigue lanzándole bolas de criptonita; pero el Diamante Negro es otra ilusión él mismo, y por tanto es inmune a la criptonita, no es un super héroe sino un monje loco; aunque, es cierto, blandiendo su metatranca mantiene su limpieza. Ahora está más loco aún, hurgando entre las ruinas de aquel lugar que ya ni existe ni tiene sentido; no hay que olvidar que en definitiva era dominio del Duque, al que sin dudas secuestraron y sustituyeron por un clon suyo. Es probable que hayan matado al Duque, pero también es posible que sólo lo corrompieran; y en ambos casos, la sustitución es efectiva y la misma, porque el que es no es el que era, y así lo suyo [la Playa] no puede ser la misma.

"El Diamante Negro tendrá que acomodarse, pero eso también siempre pasa, como los malos amores; y descubrirá un día que, como los cátaros, Mont Segur es una naturaleza, aunque precisara haberse materializado para establecerse como referencia.

Wednesday, January 18, 2012

Speculo Patientiæ

"Aquel a quien no soy digno de desatar la sandalia ya vino y vive, porque Dios es un dios de vivos y no de muertos; pero vive velado en los corazones de todos los hombres, porque los respeta demasiado para imponérseles.


"Aquel que vino y vive en los corazones de los hombres, está velado por la oscuridad de los corazones; porque respeta mucho a los dueños de esos corazones, y si ellos no acceden a mirarlo no se les impondrá. Pero es Dios y reina entre los vivos, porque su reino es la vida misma de los hombres; y aquellos que no acceden a mirarlo y lo velan están muertos, porque se excluyen del reino de los vivos.


"El reino de la vida no es comida ni bebida que se puedan negociar, sino la vida misma; a la que se puede renunciar pero no corromper, porque sólo Dios es dios y nadie puede corromperlo.


"Aquel que vino y vive en los corazones de los hombres es la imagen de los hombres mismos, que a su semejanza fueron hechos; no es saltando a los corazones que se accede al reino de la vida, porque si el corazón está muerto no hay vida en él. Es mirándose en el espejo que reflecta [refleja] que se le descubre, y su luminosidad enciende el corazón de los hombres que lo miran y los revive.


"Aquel que vive en los corazones de los hombres vino hace mucho, y antes que él y después de él muchos han dicho estas cosas; pero nadie ha tenido oídos para escucharlas ni mucho menos ojos para ver sus obras maravillosas, en cambio lo han velado en la oscuridad de sus corazones muertos.


"A aquel que vino y vive en los corazones de los hombres lo velan, porque ha dicho que den al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios; que el reino de Dios no es comida ni bebida que se puedan negociar, ni tienen espacio cerca suyo los corruptos hijos de Baal Ce Bú. Por eso muchos prefieren morirse en los cultos de Moloch, que les ofrece comidas y bebidas que pueden negociar; mas, de qué vale al hombre toda la comida y la bebida de este mundo si está muerto su corazón.


"Contemplar la belleza y el poder de aquel que vino y está vivo en el corazón de los hombres es el más grande placer de la humanidad; en ello consiste todo hedonismo verdadero, y no en las mentiras de los falsos profetas, que descubren la paja en el ojo ajeno e ignoran la viga en el propio.


"Pero aquel que vino y está vivo en el corazón de los hombres los deja, porque son ciegos que guían a otros ciegos; sólo el Paracleto tiene luz para iluminar el corazón de los hombres y traerlos a la vida, y a los vivos no hay que recordarles que pueden vivir sino a los que están muertos.


"Pero todo esto es paja que se lleva el viento, y ay de aquel que piense que el brillo intenso de Moloch es la tenue claridad de Dios; sólo la vida frugal del desierto purifica los ojos lo suficiente como apartar la sangre con que los han cubierto los ritos de Moloch".


Bên Zohar

Monday, January 16, 2012

Los gimnosofistas

Enterró el ejemplar de las Lilíticas junto al Libro de los Placeres, ya no le dirían Bibliotecario ni Manierista; ahora era Bên Zohar, y se río de los peces de colores mirando a los gimnosofistas, que a lo lejos se ufanaban de predicar las prédicas perdidas de Conny Méndez. La aparición de aquella secta le pareció graciosa en su estupidez, un verdadero caso para Sherlock Holmes; pero un Sherlock intelectualista como ellos, dedicado a perder el tiempo en la pretensión disfrazada, no para él, que era un hedonista consumado. Podía recrearlos, pero sobre todo para asombrarse con aquella fe en una metafísica popular elevada a tesis de postgrado; pero no se atrevería nunca a juzgarlos, si acaso a disfrutar de sus ingenuidades, porque todo merece respeto en esta vida, incluso aquella gestualidad grandilocuente.


Habían aparecido con la disolución del Hecho, corrompido con el último bostezo de Belcebú; y la memoria del ídolo cananeo lo estremeció por dentro, recordando también que el nombre correcto era Baal Cebú, el Señor de las moscas. Que incluso la literatura bíblica pudiera anticipar a una novela del siglo XX no era tan asombroso, no para él; sí lo era aquella persistencia, en que la gente insistía en no darse cuenta, como si no supieran que su ignorancia era culpable, porque era una actitud consciente. El bostezo prepotente de Belcebú había corrompido las fibras argénteas del Hecho, y a la desaparición del Mago habían respondido con la entronización del Demagogo; era un pobre profesor sin empleo, que afirmaba haber encontrado los manuscritos originales de la venezolana más vendida de todos los tiempos; y que aunque en principio los había enarbolado como autoridad para denunciar la falsedad del Hecho, al final los usaba para demostrar su consistencia. El viraje no pasó desapercibido para nadie, pero se trataba de recuperar la utopía; porque había que reconocerlo, aquel había sido el tiempo de la felicidad, que sólo la torpeza del Prócer había diluido en la nada con su falta de demostración suficiente.

Ahora estaban allí, a lo lejos, sombras de la luz que fueron, renegando de lo que habían apoyado fervorosos; por eso creyeron en el sofista, que les dijo que si saltaban con suficiente fuerza lograrían caer dentro de sí mismos, y así saltaban y saltaban. Aburrido de verlos saltar sin mayor sentido, se dispuso a esperarla a ella; sabía que regresaría, que no podría evitarlo, jamás podría negarse al placer de vivir que había conocido.

Monday, September 12, 2011

Cábalas II

La imagen de la hacedora de máscaras regresó a la mente del bibliotecario, de algún modo era Alice on the wonderland; no era para menos, la artesana no tenia ni idea de la gran trama de la que era sólo un eje. Su ingreso en la cofradía de las lilíticas tenía los visos de cierta ingenuidad conspiradora, sólo que el libro de las Lilíticas existía; y eso ya era otro asunto, porque hablaba de un protocolo que había que cumplir, y que de algún modo incluía a los treinta y dos perfectos, que sostienen el engranaje del mundo. Justo en el primer canto de las Lilíticas se hablaba de la gran difamación, con la que todos acusaban a Lilit; pero el poema era un canto en el que ella hablaba en su descargo, y que algunas tradiciones le atribuían a ella misma. El libro parecía hecho en los mismísimos talleres de Gütenberg, en su portada una mano sostenía una gran moneda de oro; y se dirá lo que se quiera, pero esa era otra referencia a los arcanos menores, y hablaba de triunfo. Luego, Lilit no se había dado por vencida, y el hecho de que aquella carta pareciera una culminación prevenía del mensaje en las otras; ya estaban develados los de la espada y la copa, aunque este aun debía concretarse, y faltaba el del basto, que era la lucha benéfica.


La difamación acusaba a Lilit de convertirse en un demonio de la lujuria, en un súcubo; como si una criatura hecha de barro, como Adam, pudiera convertirse en un demonio. Fue entonces el temor de Adam lo que le llevó al intento de someterla, con aquella ridícula posición en el sexo; !Siempre es el sexo! –divagó–, si hasta Freud lo que hizo fue plagiar a los dioses tibetanos, para los que el mundo es su propia cópula; el sexo, tan simple y tan a mano, tan poderoso y venido a menos. La condena de Lilit fue funesta, devastadora, pero su persistencia avisaba de su búsqueda de una reivindicación; la mentira no puede permanecer, no tiene consistencia, y esa copa del placer —usurpada por los del Club— indicaba que se trataba de compasión y conocimiento profundo. De ahí que el poder real del placer permaneciera siempre en las mujeres libres, difamadas como Lilit; era lógico, las mujeres libres eran de su casta, y todas llamadas al sacerdocio liberador del sexo desinhibido. Eso también explicaba la desconfianza de las hijas de Eva respecto a los afeminados, que serían devotos de Lilit; porque con ellos, ella amenazaba la estabilidad urdida con artimañas, y resquebrajaba la falsa paz de los sometimientos. Si los treinta y dos perfectos vigilan el universo y habían permitido esa persistencia de Lilit, esa era entonces la respuesta; habría que esperar los acontecimientos —se regocijó—, porque ningún evento termina antes de su vencimiento.

Sunday, September 11, 2011

Cábalas I

La chiringa con la carta para Justin Case se perdió entre las nubes bajas, y el Bibliotecario se sumió en sus pensamientos; los últimos desastres habían acabado con las comunicaciones, pero aún quedaban aquellos recursos del obispo disidente de Vindobona. Sin embargo, no era en eso en lo que pensaba, sino en si aquella carta había sido oportuna; como siempre que se hacía esa pregunta, ya era tan tarde que poco importaba la respuesta, así que volvió a pensar en Inga. El posible vínculo de Inga con los cultos secretos de Lilit era peligroso, muy peligroso; es decir, era una posibilidad tentadora, y en todo caso se correspondía con la velada sugerencia de los arcanos menores en las portadas de los códices.


El orden no era evidente, pues a los conflictos de la espada le seguía la compasión de la copa; según eso, la compasión sugería algún tipo de comprensión, seguida de los trabajos del basto, y culminaría con el triunfo del oro. Era un curso extraño, pero más extraño era que aún no envolviera a los arcanos mayores; en los que, si Inga era la Sacerdotisa, faltaba revelar quién era el Mago, el benéfico urdidor. ¿Pero había mentido Saulo cuando manipuló su discurso en el Areópago?, se preguntó; ¿no decía el salmo que el Señor [desconocido] se había levantado en la asamblea de los dioses [¿Eloim?] y escogido la parte de Jacob para si?. ¿Si la resurrección de Inga provocó el desastre, con la corrupción del viejo aristócrata en la espada, qué depararía esta nueva aventura con la copa?; aquí el Bibliotecario sonrió, mientras acariciaba su desvencijado tomo de las Liliticas, porque el secreto siempre volvía a las mujeres. Se acordaba de Lisistrata, de la que siempre se dijo que encabezaba una cofradía de Lilit; y al final, lo cierto era que la consistencia del reducto radicaba en su sentido del placer, que siempre era administrado por las mujeres.


Ese era el secreto, y la comprensión estaba cifrada en el As de copas; el placer, que fue lo que se corrompió con la supuesta inteligencia de los hombres, tan primarios. Los hombres —recordó— eran de la raza de Caín, porque Abel había muerto a manos suyas; de ahí la necesidad de una redención, que por otra parte no podía venir de las sometidas hijas de Eva. Sin dudas, todo estaba bien, Inga descubriría en algún momento su ascendiente en la casta de Lilit; esa mujer que respingaba reclamando la misma posición en el sexo, y que se había negado a la mediocridad perenne del misionero.